A principios de los años noventa, las pistas de baile en España estaban experimentando una metamorfosis radical. El sonido procedente de las discotecas europeas, cargado de ritmos sintéticos, techno-house y los primeros compases de la música mákina, empezó a salir de los locales nocturnos para conquistar el mercado de masas. En 1991, la discográfica barcelonesa Max Music supo leer la corriente de la calle antes que nadie y lanzó al mercado un vinilo y casete que cambiaría la historia de los recopilatorios en nuestro país: el primer Máquina Total.
Bajo el lema "Toda la música de las discotecas", este primer volumen no sólo inauguró la saga más longeva, millonaria y famosa de la música de baile en España, sino que sentó las bases estéticas y musicales de lo que iba a ser la banda sonora de toda una generación de jóvenes enganchados a los recopilatorios de gasolinera y tienda de barrio.
La fórmula del primer engranaje industrial
El primer volumen de la saga, lanzado en un formato sencillo de un solo LP o casete, se convirtió en un éxito inmediato gracias a una selección de temas que eran pura dinamita para los platos de la época.
La carátula del primer Máquina Total de 1991, aunque estaría lejos de las que vendrían después, ya era una declaración de intenciones.
El disco arrancaba con el espectacular "Máquina Total Megamix", una pieza de casi diez minutos de artesanía digital concebida, producida y mezclada por los dos maestros de los platos de la casa: Toni Peret y José Mª Castells. En ella se concentraba la energía del disco con unos efectos y transiciones que revolucionaron las radiofórmulas.
El repertorio era una auténtica delicatessen para los amantes de la electrónica de club centroeuropea. El plástico desplegaba trallazos de la talla de Front 242 con su icónico "Tragedy For You", la potencia de WestBam en "Hold Me Back", el sonido hipnótico de "Choice" de Trilithon, y el clásico incontestable del EBM "Flesh" a cargo de A Split - Second. La tralla continuaba con "Vivisection" de Space Trax, el místico "Kokko" de Digital Boy, "Einheit" de Zip Zap y una remezcla especial "Orbital" realizada por Peret y Castells para el "Umbaba" de Tragic Error.
La joya de la corona de la noche barcelonesa
Y si había un tema que volvía locas a las huestes maquineras, era el "Saddam" de K.L.J., que venía incluido nada menos que en su versión Remix firmada por el rey absoluto de la noche barcelonesa y de la discoteca Psiko-Mákina: el inconfundible Nando Dixkontrol. Un toque de autenticidad nocturna que elevó el disco a los altares del coleccionismo.
Y es que a principios de los noventa, encender el televisor era encontrarse de frente con las imágenes nocturnas y verdosas de los bombardeos sobre Bagdad, las ruedas de prensa en el Pentágono y el rostro omnipresente de Saddam Hussein. La Guerra del Golfo retransmitida en directo por la CNN nos tenía a todos completamente fascinados y traumatizados a partes iguales. En mitad de esa psicosis colectiva que inundaba los telediarios, la música techno —que siempre ha tenido ese espíritu transgresor de absorber lo que pasa en el mundo real para machacarlo en la pista— decidió convertir el conflicto en un trallazo para los platos.
El tema "Saddam" de K.L.J. jugaba precisamente con ese morbo y esa tensión geopolítica, sampleando proclamas y sonidos que evocaban la contienda y el desierto. El DJ barcelonés, fiel a su estilo provocador y ruidoso, inyectó al tema una contundencia militar que hacía que la pista de baile pareciera una auténtica zona de combate. Era nuestra forma —un poco salvaje y puramente nocturna— de exorcizar los miedos que nos metían por los ojos en las noticias del telediario de las tres, transformando los tambores de guerra en un bombazo de graves que te hacía reventar la suela de la zapatilla. ¡Pura adrenalina de la época!
Indiscreciones: En la industria musical española se comenta que la publicación de este primer Máquina Total fue una apuesta de lo más arriesgada por parte de los fundadores de Max Music. Hay quien asegura que las primeras tiradas fabricadas en las instalaciones de Ibermemory fueron bastante modestas, ya que en las oficinas no las tenían todas consigo sobre si el gran público abrazaría un estilo tan oscuro y contundente como el EBM o el techno de corte industrial. Sin embargo, se rumorea en privado que el morbo de la portada del "tío del martillo" unido al boca a boca de las discotecas provocó un auténtico tsunami de ventas que obligó a subcontratar la distribución a toda prisa para poder abastecer a las tiendas de barrio de todo el país.
Además, los técnicos de sonido recuerdan entre risas el titánico trabajo del ingeniero Andreu Ugas en el estudio para masterizar el recopilatorio. Al juntar canciones con producciones e intensidades de graves tan diferentes como las de Front 242 y los proyectos nacionales, equilibrar el volumen de la cinta analógica para que el disco sonara atronador en cualquier radiocasete de coche sin saturar los altavoces fue un auténtico encaje de bolillos. ¡Un trabajo de artesanía sonora impecable!
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