Si hay una voz que define la infancia, la adolescencia y las noches de cine de tres generaciones en España, esa es la de Constantino Romero. Capaz de helarte la sangre soltando un "Yo soy tu padre" en la piel de Darth Vader, de hacerte llorar con el "Sayonara, baby" de Terminator o de dejarte con la boca abierta mientras repartía juego en el concurso El tiempo es oro. Constantino era un titán absoluto de la comunicación que medía casi dos metros y poseía una gravedad vocal que parecía salida del mismísimo Olimpo. Sin embargo, detrás de ese torrente de voz indomable que doblaba a Clint Eastwood o a Mufasa, se escondía un hombre con unas pasiones culturales y unas anécdotas de doblaje que rozan lo surrealista.
El locutor moderno que desafió a Hollywood
Mucho antes de que el fenómeno fan inundara las redes sociales, Constantino ya era el rey de la cultura pop. Lo curioso es que, además de prestar su voz a los villanos más icónicos del cine, era un absoluto melómano y uno de los primeros locutores de radio en España que se atrevió a pinchar rock internacional y música de vanguardia en la Barcelona de los años 60 y 70. Cortito y al pie: tenía más peligro con un vinilo que con una espada láser.
En aquella época (al igual que ahora), conseguir el respeto de las estrellas de Hollywood era casi imposible, pero Constantino lo logró. Se cuenta que el propio Clint Eastwood escuchó varios de sus doblajes al castellano y quedó tan sumamente impresionado por la textura y el empaque de su voz que llegó a declarar que Romero le hacía parecer muchísimo mejor actor de lo que realmente era.
El sándwich de jamón que casi arruina a Disney
Doblar al icónico Mufasa en El Rey León fue una de sus interpretaciones más recordadas. Sin embargo, durante las sesiones de grabación en Madrid, Constantino sufría una alergia primaveral terrible que le congestionaba la nariz. Para recuperar el tono limpio y majestuoso del león, el equipo técnico tenía que parar cada veinte minutos para que el actor tomara gárgaras de agua tibia y se comiera un trozo de pan con jamón, el cual —según él— le asentaba las cuerdas vocales como ninguna otra cosa.
El emotivo "Sayonara" en la red social
Menudo bombazo emocional nos dejó a todos cuando decidió jubilarse. El 12 de diciembre de 2012, tras toda una vida pegado a un micrófono, Constantino utilizó su cuenta oficial de Twitter para lanzar su último comunicado público. Su mensaje de despedida fue directo al corazón de sus seguidores: "Gracias por el afecto. Han sido 47 años de trabajo. Toda una vida. Radio, TV, Teatro, Doblaje. Vale la pena. Un abrazo. Silk You. Sayonara".
Pocos meses después, el 12 de mayo de 2013, la voz se apagaba definitivamente a los 65 años debido a una enfermedad neurológica. El país se quedaba en un silencio atronador, dándose cuenta de que el hombre que nos había acompañado en cada sesión de palomitas se marchaba para pasar a la inmortalidad digital y cinematográfica.
Indiscreciones: En los entresijos de los estudios de doblaje de Barcelona se comenta una leyenda urbana totalmente real: cuando George Lucas preparaba el estreno de Star Wars: Episodio III, los técnicos de sonido americanos se pusieron increíblemente quisquillosos con los niveles de distorsión del casco de Darth Vader en los doblajes internacionales. Las malas lenguas aseguran que enviaron una alerta roja exigiendo repetir la grabación en España porque la voz de Constantino era "demasiado potente y grave" y saturaba los filtros analógicos que usaban para los actores franceses o alemanes; los técnicos españoles se limitaron a bajar el volumen del micrófono de Romero porque el actor, simplemente, no necesitaba efectos para dar miedo. También se rumorea que en las grabaciones de El tiempo es oro, Constantino se sabía las respuestas de las enciclopedias de memoria y a menudo soplaba alguna pista de estrangis a los concursantes que se quedaban bloqueados por los nervios del plató.
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