Si tenéis cierta edad, es imposible que hayas olvidado el 28 de agosto de 1995. Ese verano, millones de personas en todo el mundo nos pegamos al televisor con el estómago encogido para presenciar el que prometía ser el mayor bombazo de la historia de la humanidad: la autopsia de un alienígena recuperado en el famoso choque de Roswell en 1947. Las imágenes en blanco y negro, granuladas, con médicos en trajes de protección abriendo el cuerpo de un ser macrocéfalo y de ojos completamente negros, nos dejaron a todos con un mal cuerpo tremendo. Daba un mal rollo insoportable. Pero claro, con el tiempo uno aprende a no fiarse de los regalos que vienen con un lazo demasiado perfecto. Y sí, la sospecha era real: nos la colaron doblada.
El metraje maldito que engañó a los expertos
El responsable del asunto fue un productor musical británico llamado Ray Santilli. El tipo aseguró haberle comprado los rollos de película de 16 mm a un antiguo cámara militar de la Fuerza Aérea de los EE. UU. a cambio de una fortuna en efectivo. El vídeo lo tenía todo para parecer auténtico: una iluminación pésima, desenfoques continuos, movimientos de cámara bruscos y ese aire a documento clasificado del Pentágono que tanto nos gusta a los amantes de la conspiración, y un supuesto ser biológico extraterrestre con seis dedos en manos y pies, el vientre extrañamente hinchado y sin de ombligo o genitales.
Incluso algunos patólogos de prestigio se quedaron a cuadros al ver la supuesta extracción de órganos, afirmando que los fluidos y la resistencia de los tejidos parecían corresponderse con un cuerpo real. El misterio estaba servido y el debate llenó horas de televisión internacional.
La confesión: látex, órganos de cordero y gelatina
El castillo de naipes aguantó una década entera, hasta que en 2006 la presión de los investigadores independientes (que ya habían detectado anacronismos absurdos en los códigos de los rollos de película y en los paneles de las paredes) se volvió insoportable. Santilli no tuvo más remedio que cantar la traviata y admitir que todo el metraje era una recreación artificial.
La verdad detrás del quirófano fue mucho más pedestre y digna de una película de serie B.
El alienígena era un muñeco fabricado por el escultor de efectos especiales John Humphreys (quien, por cierto, hace un cameo en el vídeo interpretando a uno de los cirujanos). Para rellenar el cuerpo y que pareciera una autopsia real, utilizaron órganos de cordero, cerebros de cerdo y castañas que compraron esa misma mañana en un mercado local de Londres. Para la sangre se usó gelatina con colorante.
Una vez terminado el rodaje en un piso alquilado de Camden Town, cortaron el muñeco de látex en pedazos y lo tiraron a diferentes contenedores de basura por todo Londres para no dejar pruebas.
Indiscreciones: Siempre se ha mantenido una teoría de lo más retorcida sobre este monumental engaño. Las malas lenguas aseguran que Ray Santilli no inventó la historia por completo por puro amor al dinero, sino que se vio envuelto en una jugada mucho más turbia. Se comenta en secreto que el productor británico sí llegó a ver un metraje real y auténtico de la autopsia de Roswell de 1947 en manos de aquel viejo cámara militar, pero que las cintas estaban tan sumamente degradadas por la humedad y el paso del tiempo que eran imposibles de emitir. Santilli, viendo los millones que se le escapaban entre los dedos, decidió "restaurar" el vídeo volviéndolo a rodar fotograma a fotograma basándose en sus notas de lo que había visto. De hecho, el propio Santilli sostiene a día de hoy que incluyó algunos fotogramas originales intercalados en el montaje final que coló a las televisiones de todo el planeta.
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