Si pensabais que los fenómenos marianos eran solo rezos y caras místicas mirando al cielo, es que no conoces lo que ocurrió en San Sebastián de Garabandal entre 1961 y 1965. Tras haber analizado multitud de supuestos milagros, os aseguro que este pequeño pueblo de Cantabria fue el escenario de una de las oleadas de anomalías físicas más brutales, documentadas y perturbadoras del siglo XX. Cuatro niñas de entre 11 y 12 años (Conchita González, Mari Cruz González, Jacinta González y Mari Loli Mazón) pusieron en jaque a médicos, psicólogos y teólogos con comportamientos que desafiaban las leyes más elementales de la gravedad y la anatomía humana.
Las marchas extáticas y la gravedad invertida
Lo que empezó el 18 de junio de 1961 con la supuesta aparición del Arcángel San Miguel, derivó rápidamente en un festival de fenómenos poltergeist y alteraciones corporales inexplicables. Las niñas entraban en un estado de trance profundo (el "éxtasis") que transformaba por completo su fisiología.
Las videntes eran capaces de correr y caminar marcha atrás a una velocidad endiablada por senderos empinados, rocosos y peligrosos en plena noche, manteniendo la cabeza completamente levantada hacia el cielo, sin mirar jamás el suelo. No tropezaban ni se caían.
Médicos presentes en el lugar les clavaron agujas bajo las uñas, les quemaron la piel con cerillas y les pincharon en zonas sensibles mientras estaban en trance. Las niñas ni parpadeaban ni mostraban la más mínima alteración en el pulso cardíaco. Es más, cuando les enfocaban los ojos con linternas potentes en mitad de la noche, sus pupilas permanecían totalmente dilatadas y fijas, sin contraerse ante la luz directa.
Un detalle que trajo de cabeza a los científicos de la época fue la alteración de su masa corporal aparente. Cuando estaban en éxtasis, dos hombres robustos eran incapaces de levantar del suelo a una de estas niñas de apenas 35 kilos. Sin embargo, entre ellas se levantaban unas a otras con una facilidad pasmosa e ingrávida para ofrecer objetos religiosos al aire.
La Milagrona y los objetos perdidos
El clímax de los fenómenos físicos llegó la noche del 18 de julio de 1962 con lo que en el pueblo se conoció como "La Milagrona". Conchita había anunciado con semanas de antelación que, para demostrar la veracidad de las apariciones, el ángel le daría la comunión de forma visible.
Un testigo de excepción, el realizador de NO-DO Adriano Gómez Alfeu, logró grabar el momento exacto con su cámara: de la nada, una hostia blanca y brillante apareció suspendida sobre la lengua de la niña. La película original sigue siendo analizada hoy en día por expertos en efectos visuales de la época, incapaces de encontrar trucaje o manipulación en el celuloide.
Además, las niñas realizaban lo que los investigadores llamamos "lectura psicométrica masiva". La gente del pueblo y los visitantes dejaban cientos de rosarios, medallas y alianzas de boda mezclados en una mesa. Las niñas, con los ojos cerrados y fijos en el cielo, cogían los objetos uno a uno y se los devolvían exactamente a sus dueños legítimos sin equivocarse jamás, incluso si el propietario era un completo desconocido que acababa de llegar al pueblo.
Indiscreciones: En los mentideros de la ufología y el misterio eclesiástico siempre se ha guardado con celo el verdadero contenido de las conversaciones que mantuvieron las niñas con altas esferas del Vaticano. Se dice que el mismísimo Padre Pío (el famoso estigmatizado italiano) creía ciegamente en Garabandal y mantuvo correspondencia secreta con Conchita, enviándole incluso un trozo del velo que cubría su rostro al morir. Se comenta también que el Papa Pablo VI recibió a Conchita en audiencia privada en 1966 y le llegó a decir: "Yo te bendigo, y conmigo te bendice toda la Iglesia".
Una postura que choca frontalmente con el secretismo y la ambigüedad con la que la diócesis de Santander ha tratado el caso durante décadas, emitiendo notas oficiales que no confirman la sobrenaturalidad, pero sin atreverse a calificarlo de fraude. ¿El motivo real del recelo de Roma? El primer mensaje de las niñas atacaba directamente a la jerarquía eclesiástica, afirmando textualmente que "muchos cardenales, obispos y sacerdotes van por el camino de la perdición y llevan con ellos a muchas almas". Una puñalada en el corazón de la Iglesia que no sentó nada bien en los despachos del Santo Oficio.
¡Un momento!
¿Tienes madera de redactor o guardas una buena exclusiva?
No te la quedes. Escríbenos para enviar tus noticias, curiosidades o chismes tecnológicos. En Teleindiscreta.com la línea siempre está abierta para los que tienen algo que contar. ¡Contáctanos!




