Si hay un hombre que ha tocado absolutamente todos los palos del espectáculo en España y los ha convertido en oro, ese es Emilio Aragón. Para los más veteranos siempre será "Milikito", el tierno payaso de la tele que tocaba el cencerro y salía al escenario con una camiseta blanca gigante hasta las rodillas. Para la generación de los noventa, es el inolvidable Nacho Martín de Médico de familia, la serie que paralizaba el país y que llegó a registrar picos de audiencia del 60% que hoy en día parecen de ciencia ficción. Pero detrás de esa eterna sonrisa de niño bueno se esconde una de las mentes más brillantes, ambiciosas y tecnológicamente avanzadas de la industria audiovisual europea.
El cerebro que cambió las reglas del juego
El nacimiento del "prime time" moderno
En 1993, Emilio Aragón no se conformó con presentar programas de éxito como el gamberro VIP Noche o el caótico El gran juego de la oca. Junto a unos socios, fundó la mítica productora Globomedia. Cortito y al pie: reinventaron la forma de hacer ficción en España, importando el modelo de las sitcoms americanas y creando un imperio que dio luz a éxitos mundiales como Los Serrano o 7 vidas.
Compositor de élite en la sombra
Aunque todo el mundo recuerda el "Te huelen los pies" o "Cuidado con la paloma" (auténticos himnos pop de la época), Emilio es un músico académico sobresaliente. Ha compuesto bandas sonoras completas, dirigido orquestas sinfónicas de prestigio internacional y producido álbumes de jazz y música clásica que firmaba bajo pseudónimos para que su fama televisiva no contaminara la crítica.
El visionario de la Sexta
Cuando el panorama analógico se quedaba pequeño, Aragón lideró el grupo audiovisual que plantó cara a los gigantes tradicionales de la televisión en España, convirtiéndose en el primer presidente de La Sexta en 2006. Él vio antes que nadie la necesidad de una televisión con un formato más dinámico, joven y fragmentado, adelantándose al consumo fragmentado que hoy impera en la red.
El refugio creativo en la era del algoritmo
En los últimos años, alejado deliberadamente de la primera línea del salseo mediático, Emilio Aragón ha enfocado su energía en proyectos con un altísimo componente social y una factura digital impecable. A través de su productora Estudio Caribe, ha volcado su obsesión por la excelencia acústica y visual en contenidos que fusionan la música en directo con la nostalgia de calidad, demostrando que se puede envejecer en la industria manteniendo intacto el respeto por el espectador. El chaval que empezó haciendo reír a los niños con una nariz de payaso se ha convertido en un padrino indispensable del tejido cultural e independiente de nuestro país.
Indiscreciones: En los mentideros de la televisión madrileña se comenta una anécdota brutal del rodaje del legendario último episodio de Médico de familia (el de la boda con Alicia). Las malas lenguas aseguran que la expectación era tan enfermiza que cadenas de la competencia intentaron infiltrar a paparazzis con rudimentarias cámaras digitales y teleobjetivos en los platós de Prado del Rey; para evitar filtraciones del guión que arruinaran el pelotazo de la década, Emilio mandó rodar tres finales alternativos falsos. Además, se rumorea que cuando dirigía Globomedia, Aragón era un auténtico geek obsesionado con los primeros ordenadores Macintosh, hasta el punto de que obligaba a sus guionistas a estructurar los chistes de las series usando un software de mapas mentales que él mismo les instalaba en las máquinas de la oficina.
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