Hubo una época, a principios de los noventa, en la que los gurús del marketing decidieron que el color marrón de las colas tradicionales era demasiado aburrido y "pesado". Querían pureza, frescura y modernidad. Así fue como, en un ataque de genialidad (o de locura colectiva), nació Crystal Pepsi en 1992. Una bebida con el sabor de siempre, pero completamente transparente, sin cafeína y vendida bajo el lema de que "lo claro es mejor". Menuda hostia se pegaron. El invento prometía revolucionar las neveras de todo el planeta, pero la realidad fue un bofetón de realidad corporativa de los que hacen época.
¿De dónde salió esta locura transparente?
La idea no surgió de la nada, sino de una obsesión comercial por lo saludable y lo translúcido que inundó la cultura pop de la época (pensemos en los jabones transparentes o los desodorantes en gel).
Tras unos test de mercado brutales, Pepsi lanzó el producto en EE. UU. con un anuncio millonario durante la Super Bowl de 1993 al ritmo de Van Halen.
El público compró la primera botella por la novedad, pero la segunda ya no. El cerebro humano es juguetón, y beber algo que parecía agua pero sabía a cola (con un regusto cítrico un poco extraño) generaba un cortocircuito mental difícil de superar.
El fugaz (y casi invisible) paso por España
Si intentas hacer memoria y no te viene el recuerdo de haber bebido esto en el bar de tu barrio, no te preocupes: no se te ha ido la pinza.
En España, la marca experimentó con el concepto de forma muy limitada bajo la ola del lanzamiento internacional. Sin embargo, el mercado español, tradicionalmente fiel a la cola negra de toda la vida, le dio la espalda de inmediato.
Apenas duró unos meses en los lineales de los supermercados antes de ser retirada discretamente. De hecho, Coca-Cola contraatacó de forma kamikaze lanzando Tab Clear, una "cola transparente" diseñada específicamente para confundir al consumidor y hundir la categoría. Y funcionó: en 1994, la Pepsi transparente pasó a mejor vida.
Indiscreciones: En la industria se comenta que el verdadero artífice de su caída no fue el público, sino David Novak, el entonces director de marketing de Pepsi. Las malas lenguas aseguran que los ingenieros de la compañía le advirtieron por activa y por pasiva que la fórmula aún no sabía del todo bien, pero él se empeñó en sacarla adelante a contrarreloj. Con los años, el propio Novak admitió que fue "la mejor peor idea" de su carrera. Además, se rumorea que el contraataque de Coca-Cola con Tab Clear fue una misión suicida planificada al milímetro: sabían que su producto era malo, pero les daba igual con tal de arrastrar a Crystal Pepsi al cementerio de los refrescos.
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