A ver, hablemos claro... Si crecisteis en los ochenta o devorasteis la televisión nostálgica de los noventa, la sola mención de una nave nodriza gigante sobrevolando los cielos os activa inmediatamente un recuerdo desbloqueado. Sí, hablamos de V, la mítica serie de Kenneth Johnson sobre aquellos "Visitantes" de uniforme rojo y gafas de sol que venían en son de paz a por nuestra agua, pero que en realidad escondían debajo de la piel un rostro de lagarto y una insaciable afición por tragarse los ratones vivos. Diana y su mítica mandíbula desencajada marcaron a fuego la cultura pop de toda una generación.
Pero, ¿sabíais que existe un manga oficial de V?
Pues sí, existe, no es un delirio febril de vuestro televisor de tubo. En pleno apogeo del fenómeno global de la Resistencia contra los lagartos invasores, el mercado japonés decidió hacer de las suyas y adaptó las peripecias de Mike Donovan y Julie Parrish a las páginas del cómic nipón de la mano del mangaka Tatsuya Yasuda.
Un viaje en el tiempo a 1985: Los lagartos en blanco y negro
El manga comenzó su serialización en Japón alrededor de 1985, publicado en la revista Comic BomBom de la editorial Kodansha, un rincón que solía albergar historias repletas de acción y robots. Con el título de V: Extraterrestres en la Tierra (V: Chikyū Raijō), Tatsuya Yasuda asumió el titánico reto de condensar la atmósfera de paranoia, conspiración militar y ciencia ficción hollywoodiense en el dinámico lenguaje visual del manga.
Lo fascinante de esta obra —que hoy en día es una auténtica pieza de arqueología pop hiperbuscada por coleccionistas— es cómo Yasuda logró traducir el look de la producción estadounidense a su propio terreno.
El estilo de Tatsuya Yasuda
El dibujante, que tenía un trazo muy característico de la época (muy en la línea del manga de acción clásico de finales de los 70 y principios de los 80), transformó los rostros de los actores reales en expresivos personajes de tinta. Mike Donovan lucía el típico aspecto de héroe de acción de mandíbula cuadrada, mientras que las naves y los uniformes de los Visitantes se redibujaron con una atención al detalle técnico brutal que encajaba de maravilla con el público adicto a los mechas y la tecnología militar de las revistas japonesas.

La mítica escena del ratón, versión viñeta
La gran duda que asalta a cualquiera al enterarse de esto es: ¿cómo dibujaron ese momento? Pues sí, Yasuda no se cortó un pelo. El emblemático instante en el que Diana se despoja de su piel humana para engullir un roedor entero quedó inmortalizado en paneles de cómic con el uso de líneas de acción y tramas que le daban un toque casi de horror gore, fascinando y perturbando a los jóvenes lectores japoneses que compraban la revista.
Un choque cultural en las viñetas
Adaptar una serie tan eminentemente occidental, con su fuerte carga de alegoría histórica hacia la Segunda Guerra Mundial y los regímenes totalitarios, a un formato de manga juvenil japonés dio como resultado un producto curiosísimo.
El ritmo de la historia se aceleró al estilo del shonen de la época. Las persecuciones, los tiroteos con las míticas pistolas láser de sonido inconfundible y las batallas a bordo de las naves cazas de los Visitantes ganaron un dinamismo y una espectacularidad visual en el papel que los limitados presupuestos de efectos especiales de la televisión de los ochenta a veces no podían alcanzar. Las viñetas estallaban con explosiones dibujadas a mano que hacían que la guerra por la liberación de la Tierra pareciera un anime de combates estelares en toda regla.
Lamentablemente, como suele ocurrir con estas adaptaciones tan específicas de licencias extranjeras en los ochenta, el manga de V solo cruzó las fronteras niponas de forma discreta y tras muchos años, quedando como un tesoro semioculto y una leyenda urbana para la inmensa mayoría de los fans de la resistencia de Donovan.
Indiscreciones: Se comenta que las negociaciones para conseguir la licencia de V en Japón fueron una locura absoluta. Dicen que editores de Kodansha estaban tan desesperados por subirse a la ola del éxito de la serie (que estaba arrasando en las televisiones niponas) que le dieron el encargo a Tatsuya Yasuda con unos plazos de entrega tan brutales que el pobre mangaka tuvo que dibujar basándose únicamente en fotogramas promocionales borrosos y cintas de vídeo VHS de mala calidad que les enviaban directamente desde Estados Unidos.
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